¿Qué es un ‘slow garden’?

¿Qué es un ‘slow garden’?

Es un espacio ajardinado en el que el objetivo principal es disfrutar de la belleza de las plantas y de su cuidado, sin pausa y si prisas. Las tareas del jardín han de ser satisfactorias y placenteras para el jardinero, dejando al margen cualquier atisbo de estrés o afán por que las plantas crezcan aceleradamente.

Por eso, desde el planteamiento del espacio hasta la realización de las técnicas de cultivo, todo ha de ser pausado y consciente. Así conseguiremos disfrutar más de la naturaleza y de los elementos vegetales, y aprovecharemos la jardinería como una forma de relajarnos y de evadirnos de todo aquello que nos causa estrés y desasosiego.

Respetar los tiempos de las plantas

Cuando plantamos un nuevo ejemplar de una planta en nuestro jardín estamos deseosos de verla crecer. Nos cuesta dejar pasar el tiempo porque queremos verla grande y frondosa, con nuevas ramas, hojas y flores.

Sin embargo, las plantas necesitan su tiempo para desarrollarse. El slow gardening aboga por dejar que crezcan a su ritmo, sin querer acelerar el proceso con fertilizantes u otras técnicas.

No plantes ejemplares ya crecidos traídos de viveros. Mejor comienza a cultivar plantas pequeñas o hazlo a partir de semillas. El proceso es más lento, pero tú lo vivirás mejor, disfrutando de cada etapa del jardín. Ten paciencia y abandona las prisas.

Un jardín sostenible

Los espacios de exterior que se cultivan siguiendo la técnica del slow gardening son, por lo general, jardines sostenibles. Puesto que no existe el propósito de lograr que las plantas crezcan lo antes posible, no se utilizan productos ni técnicas para conseguirlo.

En este sentido, es buena idea abandonar en lo posible el uso del césped, al menos en grandes praderas, ya que consume muchos recursos hídricos y necesita abonos y otros productos para crecer en condiciones. Apuesta por plantas, arbustos y árboles resistentes que soporten un aporte moderado de agua.

También es conveniente elegir para nuestro slow garden especies que atraigan a los insectos polinizadores, ya que así se consigue crear una mayor diversidad de especies en el jardín.

Elige especies autóctonas

Son las más adecuadas para este tipo de jardines, ya que también resultan las más sostenibles y resistentes, puesto que están perfectamente adaptadas al terreno y al clima de la zona.

Esto puede servir también para los cultivos del huerto, si quieres extender a él las técnicas del slow gardening. Incorpora, sobre todo, hortalizas y frutas procedentes de la zona y respeta los cultivos de temporada que crecerán de forma natural y saludable.

Incluye plantas que perfumen tu jardín

Además de un jardín bello, frondoso, que sea un regalo para la vista, hay otros sentidos a tener en cuenta. Por eso es importante cuidar de que en nuestro jardín se perciba un aroma especial, rico y agradable.

Para conseguirlo tendrás que elegir adecuadamente las flores y plantas a cultivar. Hay especies muy fragantes que llenarán tu jardín de aromas agradables.

Una idea: siembra un pequeño conjunto de aromáticas en un rincón. Además de tener siempre a mano hierbas para condimentar tus recetas en la cocina, conseguirás un perfume exquisito para tu jardín.

Ideas de decoración ‘slow’

Además de las plantas, de los colores de las flores y de los tipos de ejemplares que plantar en el jardín, hay otros aspectos a tener en cuenta para conseguir un jardín cultivado según las bases del slow gardening.

Uno de ellos es la decoración, la forma en que se eligen colores y complementos que conviertan el jardín en su espacio pensado para el disfrute. A la hora de elegir los muebles de exterior, por ejemplo, apuesta por materiales naturales y por una paleta de colores relajada y sobria, sin grandes estridencias cromáticas. Recuerda que en este tipo de jardines prima la naturalidad, la armonía y el equilibrio.

Prepara tu propio compost

Fabricar nosotros mismos un abono natural casero es una gran idea que está muy extendida. El proceso no puede resultar más sencillo. Tan solo es necesario contar con una compostadora (o, en su defecto, con un cajón grande de madera que tenga ventilación) para ir depositando los residuos orgánicos que generamos en la cocina.

Puedes utilizar los restos de frutas y verduras, las cáscaras de huevo o los posos de café, las servilletas de papel o cartón, etc. Mezcla residuos húmedos y secos y deja que se vayan descomponiendo, removiendo de vez en cuando. En unos meses habrás conseguido un abono orgánico muy nutritivo para tus plantas. Es un fertilizante apto para jardines cultivados mediante las técnicas de slow gardening.

Apuesta por el uso de herramientas manuales

Las herramientas de jardinería eléctricas o que funcionan con gasolina no son las más adecuadas para jardines cultivados según los preceptos del slow gardening, ya que resultan menos sostenibles que las manuales.

Recuerda que el objetivo es disfrutar del trabajo y no realizarlo lo más rápido posible. No uses la desbrozadora, el cortacésped o la sopladora de hojas. Cámbialos por la azada, el rastrillo y las tijeras de podar.

Realizar las tareas de una forma más lenta y consciente te permitirá disfrutar más del jardín. Es, además, una estupenda manera de hacer ejercicio y mantenerte en forma.

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